ducha

Después de una acalorada noche bajo las sábanas, toca darse una ducha a la mañana siguiente. Pero hay veces que, aunque no se pueda considerar que la experiencia nocturna haya sido una ‘mala follada’, cuando estás frotándote las partes púdicas con una buena ración de jabón líquido, notas que aún queda una pequeña necesidad de fricción extra.

Es lo que le pasa a estos dos guiris. La chica aún tiene ardor contenido y reclama al macho desde la ducha, para que vaya a darle lo que se merece. Él parece estar en la misma situación, pues traspasa la mampara tieso como el palo de una bandera, que es como nos gusta a las chicas tenerlos, siempre con el rabo endurecido como una viga de hierro, que incluso haga daño al golpearnos con él.

Pero a pesar del calentón, la dureza de su polla y el holgamiento vaginal de ella después de haber estado fornicando toda la noche, apenas aguantan cuatro minutos con las perforaciones, para al final no llegar ni a correrse.