amateur

Era joven e inexperta, aún creía en el amor, pero más creía en el sexo con ornamentos. Un morbo exhibicionista afloraba en mi cuando aún estaba descapullando la margarita, de ahí que me gustase grabarme en video con mi querido novio de la época durante las noches en las que me iba a dormir a su casa, al cuarto de al lado de sus padres.

Nunca llegué a confesárselo, pero mi pasión incontenida era colocar una discreta cámara entre las puertas de su armario empotrado, darle a la tecla REC y ponerme a cabalgarlo como una loca. En aquella época, aún tenían poca calidad estos dispositivos tecnológicos destinados a la digitalización videográfica. No permitían mucho tiempo de grabación ni calidad en la imagen, por lo que me metía prisa por llegar a mi clímax y alcanzar el suyo cuanto antes y así poder tener captado el momento de mi orgasmo.

Él no lo entendía, pensaba que era una ninfómana chiflada, me daba igual. Más que el mete-saca en sí, lo que realmente me llevaba al séptimo cielo era el ver los videos en mi cuarto, en mi obsoleto computador, acomodada en mi silla y reviviendo con mi mano las sensaciones que mi retorcida mente me proporcionaba. Y muy de vez en cuando, los compartía con algún amigo por Internet de forma privada.

Tenía miedo, mucho miedo de él que me pillase haciendo las grabaciones o que viese algún video en mi ordenador, pero a su vez, también formaba parte del morbo, una sensación con la que fui creciendo aún después de la muerte de nuestra relación.

El video que os dejo sobre estas líneas me teletransporta a aquella amoral etapa de mi vida. No soy yo, pero podría serlo. Me encantaría mostraros alguno mío, mas soy consciente de lo poco ético que sería ello sin el consentimiento de David.

¿Me estás leyendo, David? ¡Pues que me quiten lo bailado cabalgado!