masturbacion mamada

“Muerte al miembro, viva el dedo habilidoso”. Ello decía mi querida Rakel Winchester, y cuánta razón tenía.

Porque claro, follar es un arte, no es fácil satisfacer metiendo y sacando, menos aún si el rabo en cuestión es una buena muestra de la mediocridad genital masculina. Como por ejemplo, el del cándido que tenemos para el deleite de hoy.

No se sabe que es peor, si el deleznable trozo de carne colgante de entre sus calandracas o sus ortopédicos movimientos en la cama. Pobrecita ella. No le queda más remedio que mamársela tumbada en la cama, con él sentado en su cara, mientras ella se hace un triste dedo. Si no fuera por eso, él aún podría estar metiéndosela al compás del Réquiem de Mozart, que todavía no se habría corrido.

¡Plataforma por una especie masculina más viril!