caperucita-roja-porno

Érase una vez una niña un tanto generosa en carnes y muy pizpireta, que realmente no era tan niña pero se comportaba como tal. Su vida era bastante austera y asocial, llevaba el 75% de su existencia yendo cada tarde a ver a su abuelita al otro lado del bosque, donde permanecía enferma terminal en un lecho de muelles.

Cruzar la zona frondosa era muy peligrosa debido al tipo de fauna que por allí habitaba, desde serpientes hasta lobos, e incluso pajarracos. Había un bicho en concreto, un vivaracho lobo feroz, que llevaba años siguiendo su trayectoria por la selva, totalmente obnubilado por su belleza mamaria de chica híper-desarrollada. Al lobo le gustaban las mamíferas con las tetas bien crecidas, así que en una tarde de sobrecarga testicular, la asaltó mientras atravesada las verdes y arboladas zonas con su cesta y su capa roja.

Con la excusa de informarse sobre los víveres que llevaba en el cesto para la yaya, le ofreció un poco de su salami de carne prensada y cruda, a lo que ella accedió con inocencia. No pareció disgustarle, pero tras ello, prosiguió con su camino y cada cual se fueron por su lado.

El astuto y audaz lobito se fue corriendo a casa de la abuela para hacerle el favor de desaparecer sin eutanasia, como ella tanto tiempo llevaba deseando, así que se la zampó y se quedó esperando en la cama a que llegase la madurada niña.

Tardó en percatarse de que lo que había bajo las mantas no era su abuela, sino el lascivo lobo que acababa de darle una muestra de su embutido. Pero en vez de comérsela a ella también, fue ella quien continuó con la comidita no finalizada en el bosque. Ensimismada, un poco confundida pero interesada por la novedad y algo excitada, fue desvirgada a cuatro patas por el enemigo en la rechinante cama de su ya difunta abuela.

No hay mal que por bien no venga, ¿verdad?

Descanse en paz.