sexo webcamÉrase una aburrida tarde de domingo en casa de Dani. Ambos teníamos ganas de fiesta, pero a la vez, nos faltaba ese toque de morbo que hiciera del polvo algo entretenido y no convencional.

Tuvimos la brillante idea de conectar en un chat de sexo y poner nuestra dirección de MSN para que nos agregaran y nos vieran por cam. A decir verdad, fue complicado, los pajilleros de turno se pensaban que era una chica con cámara de pago. Nada más lejos de la realidad.

Una vez hecho el ‘casting’ y la selección de voyeurs, les brindamos nuestro humilde espectáculo donde yo comencé a tocarme un poco las tetas hasta quitarme sensualmente el sujetador. Ejercer esa presión sobre mis glándulas mamarias y saber que me están viendo, me pone los vellos que no tengo como escarpias.

Daniel permanecía en la cama mirándome mientras yo me excitaba -y los excitaba- por webcam, hasta que ya me puse lo suficientemente contenta y comencé a chupársela de cara a los videovidentes. Fue arriesgado eso de que visualizasen mi rostro, pero con el calentón me dio igual, además ya elegimos un chat extranjero para disminuir probabilidades indeseadas.

Terminamos follando descontroladamente, yo saltando encima de su rabo sin miedo a rompérselo, a pesar de su dureza de escayola.

Fue una de mis más placenteras experiencias utilizando Internet, en la que se suman diferentes morbos. El mobo de ser vista por entes anónimos , el compenetrante morbo del exhibicionismo con el voyeurismo y el morbo de que se exciten conmigo y me excite yo permaneciendo intocable.